Resumen del libro de Rafael Echeverría
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domingo, 25 de noviembre de 2012

6. Acción humana y lenguaje

La acción humana se relaciona con el lenguaje y esto nos lleva a reconocer que toda acción humana posee un componente interpretativo que surge desde el leguaje. La acción puede tomarse como un dominio y en relación con este pueden introducirse diversas distinciones que permiten reconocer tipos de acciones distintas. Un tipo particular de acción humana es aquella que conocemos como "prácticas sociales" y éstas pueden ser reconstruidas lingüísticamente.


La ontología del lenguaje ofrece una interpretación distinta del fenómeno humano al referirlo al lenguaje. Para entender cabalmente esta interpretación es necesario re-interpretar lo que entendemos por lenguaje y abrirnos a una comprensión que lo concibe como generativo y que postula que el lenguaje es acción, nuestro círculo interpretativo no estará completo mientras no reinterpretemos la propia acción. Únicamente entonces estaremos en condiciones de entender por qué se dice que la acción nos constituye como el tipo de persona que somos y llegaremos a ser. El ser humano, el lenguaje y la acción son tres pilares fundamentales de la ontología del lenguaje.


La "concepción tradicional" que tenemos, nuestro sentido común, descansa, entre otros, en dos supuestos heredados de la filosofía de Descartes que han servido de base al pensamiento moderno occidental. La interpretación ofrecida por Descartes en el siglo XVII ha dado sustento a casi la totalidad de nuestras interpretaciones parciales en el mundo occidental. Los postulados básicos de Descartes se transformaron en supuestos no cuestionados de nuestro sentido común. Estos supuestos son: aquél que sostiene que todo sujeto se halla expuesto a la presencia e inmediatez del mundo de objetos que lo rodea y aquel que define al ser humano como un ser eminentemente racional en su actuar por el mundo. El primero se sustenta en su dualismo originario. Su punto de arranque supone que, al examinarse la existencia humana, debemos reconocer desde el inicio, dos sustancias irreductibles: el pensamiento o la razón que nos constituye como sujetos (a lo que Descartes denomina "res cogitans") y la sustancia física que constituye los objetos ("res extensa"), dentro de la cual se encuentran nuestro cuerpo y la totalidad de los objetos naturales. Esto permite interpretar la existencia humana como constituida original y primariamente por un sujeto dado, rodeado por un mundo de objetos dados. La presencia de dichos objetos no está cuestionada, ellos se encuentran allí en el mundo, presentes naturalmente, capaces de ser percibidos por los sentidos, en medida en que no estén ocultos. Esto no niega que la percepción que el sujeto tiene de los objetos del mundo deje de tener problemas y que, por ejemplo, tal percepción no esté libre de distorsiones. Por el contrario, nuestra concepción tradicional hace de la relación sujeto-objeto su principal obsesión. El segundo de los supuestos de nuestra concepción tradicional ha sido sustentar que aquello que define al sujeto, aquello que lo caracteriza como ser humano, es el pensamiento, la razón, la conciencia, la capacidad que tiene de deliberación. Este segundo supuesto es particularmente importante para entender la acción humana, pues es precisamente en el dominio de la acción donde el concebirnos como seres racionales tiene quizás una de sus más importantes consecuencias.


El supuesto de que la razón es aquello que nos constituye y define en el tipo de ser que somos, lleva a una comprensión racionalista de la acción humana y, supone que la conciencia, la razón o el pensamiento, como quiera que lo queramos definir, antecede a la acción. Asume que los seres humanos actuamos en conciencia, guiados por la razón. Se deduce, por lo tanto, que toda acción humana es acción racional. Esto implica que no hay acción humana que no tenga su razón y, en consecuencia, que no esté antecedida por la razón que conduce a ella. La razón, por tanto, conduce a la acción. El supuesto de la racionalidad ha sido extremadamente poderoso dentro de la cultura occidental y sin duda requiere de ser visto como una innegable contribución histórica. Tras él se han desarrollado la ciencia, la tecnología y múltiples formas de vida que son expresiones del poder de la razón humana.

2. Sobre el lenguaje humano

El ser humano es ser lingüístico, habita en el lenguaje. Para comprenderlo se pueden explorar la naturaleza del lenguaje, particularmente del lenguaje humano, y la la relación entre el lenguaje y el individuo.


Comprendemos el lenguaje como una capacidad individual, como propiedad de una persona por tanto decimos que los individuos tienen una capacidad para el lenguaje y esto le otorga precedencia al individuo con respecto al lenguaje, pues implica que el individuo es quien habla y escucha; se asume que el individuo es precondición del lenguaje. La ontología del lenguaje se opone a esta visión, postula que los individuos, las personas, se constituyen asimismo en el lenguaje; otorga precedencia al lenguaje con respecto al individuo.

El biólogo Humberto Maturana insiste en que sólo podemos hacer lo que nuestra biología nos permite; no podemos traspasar los límites de nuestras capacidades lingüísticas. Sin embargo, el lenguaje no es generado por nuestras capacidades biológicas.

La ontología del lenguaje postula que el lenguaje no es desarrollado por un ser humano aislado, sino que el lenguaje nace por la interacción entre los seres humanos, es consecuencia y es fenómeno social y no biológico. Es en la interacción entre diferentes seres humanos particulares donde aparece una precondición fundamental del lenguaje: la constitución de un dominio consensual. Se habla de consensualidad dondequiera que los participantes de una interacción social compartan el mismo sistema de signos (gestos, sonidos, etc.) para designar objetos, acciones o acontecimientos orientados hacia coordinar acciones comunes. Sin dominio consensual no hay lenguaje y el dominio consensual se constituye en la interacción con otros en un espacio social.

Hablamos sobre el lenguaje a través y desde el lenguaje, es algo que no podemos evitar, esto implica una trampa de la que debemos mantenernos precavidos. Los signos, objetos, eventos y acciones son constituidos como tales en el lenguaje, en cuanto tales no existen por sí mismos. Sea lo que sea, lo es para nosotros en el lenguaje, un objeto es siempre una relación lingüística que establecemos con nuestro mundo, los objetos se constituyen en el lenguaje. En tanto tales, traen consigo nuestra propia marca humana y siempre expresan algo de nosotros.

El autor comenta que no existe otro camino que el del lenguaje; fuera del lenguaje no existe un lugar en que podamos apoyarnos. Los seres humanos vivimos en un mundo lingüístico.

Hablamos del lenguaje sólo cuando observamos un tipo particular de comunicación. Siempre que vemos a miembros de una especie coordinando acciones comunes hablamos de comunicación, en ese sentido, muchas especies se comunican. Sin embargo, decimos que hay lenguaje sólo cuando ocurre un particular tipo de coordinación de acciones, cuando podemos observar a los miembros de una especie coordinando su comportamiento.

El lenguaje, en cuanto fenómeno, es lo que un observador ve cuando ve una coordinación consensual de la coordinación de acciones -cuando los miembros participantes de una acción coordinan la manera en que coordinan juntos dicha acción. Es una coordinación recursiva del comportamiento. El lenguaje es algo que surge a partir de la generación de un dominio consensual que se produce en la interacción social y los seres humanos no somos la única especie que ha desarrollado este patrón dual de coordinación de acciones que denominamos lenguaje, es un rasgo que encontramos a menudo también en otras especies. La diferencia que distingue al ser humano de otras especies en este sentido es que el ser humano cuenta con la capacidad para abarcar un gran número de signos consensuales y para crear nuevos y, la capacidad recursiva del lenguaje humano, lo que significa que los seres humanos podemos hacer girar el lenguaje sobre sí mismo. El ser humano puede hablar sobre su propia habla, sobre sus distinciones lingüísticas, sobre su propio lenguaje y sobre la manera en que coordina su coordinación de acciones y, puede hacerlo todas las veces que quiera. Dicha capacidad recursiva del lenguaje humano es la base de lo que conocemos como reflexión y es la base de la razón humana.

La razón es una función del lenguaje, el ser humano es ser racional porque es un ser lingüístico que vive en un mundo lingüístico.

Los seres vivientes que cuentan con cerebros de tamaño más grande cuentan con capacidades neurológicas necesarias para formas de lenguaje más desarrolladas, esto es un ejemplo que explica que existen condiciones biológicas que se requieren para posibilitar el lenguaje, sin embargo, el lenguaje no se define como una capacidad individual, sino como un rasgo evolutivo que basado en condiciones biológicas específicas surge a través de la interacción social. Se requiere de la interacción social como caldo de cultivo para que surja el lenguaje.

El individuo en términos de persona es un fenómeno lingüístico, pues en tanto individuos somos un tipo de ser viviente que, como condición de su propia existencia, vive constreñido a su capacidad para generarle sentido a su propia vida. El individuo vive interpretándose a sí mismo y al mundo que habita y esto lo hace en cuanto opera en el lenguaje. La manera en que la persona da sentido a su propia vida es lingüística, la identidad personal está directamente asociada a una capacidad de generar relatos que dan sentido. Al modificar su propio relato de quién es, la persona modifica su identidad. El individuo no puede ser separado de su relato, es en los relatos de nosotros mismos donde generamos lo que somos. En tanto individuos, somos lo que somos debido a la cultura lingüística en la que crecemos y a la posición que ocupamos en determinado sistema de coordinación de la coordinación del comportamiento, es decir, del lenguaje; en este sentido el individuo no es únicamente construcción lingüística, sino también construcción social.

El individuo es fenómeno social porque su manera de dar sentido y actuar en la vuda no es arbitraria y no le es posible en tanto individuo trascenderla por completo. Las maneras de dar sentido y actuar descansan en la historia y en las prácticas vigentes de la comunidad de pertenencia. Los relatos que la persona cuenta de sí misma y de los demás están fabricados a partir del trasfondo de metarelatos que conoce como discursos históricos. Para comprender mejor a un individuo hay que conocer los discursos históricos a partir de los cuales se constituye. Sin embargo, el lenguaje va más allá de la capacidad para contar historias, más allá del discurso, pues es un sistema de coordinación de la coordinación de comportamiento y se hace presente en las acciones. Los modos de hacer las cosas de la manera en que las hace determinada comunidad se denominan prácticas sociales y la forma en que las personas se comportan de una comunidad a otra es frecuentemente muy distinta de como se comportan en otra comunidad. La coordinación de la coordinación del comportamiento varía de comunidad en comunidad.

Un principio básico en el enfoque sistémico es reconocer que el comportamiento humano es modelado por la estructura del sistema al que pertenece el individuo y la posición que ocupe en dicho sistema. Cuando se dan cambios en la estructura es probable que hayan cambios también en el comportamiento individual y esto muchas veces pasa inadvertido. Generalmente no observamos la manera en que los sistemas a los que pertenecemos nos hacen ser de la manera que somos. Mientras que el sistema condiciona lo que somos en tanto individuos, somos nosotros en tanto individuos creadores de ese mismo sistema.

Una vez constituidos como individuos, debido a la capacidad recursiva del lenguaje humano, somos capaces de observarnos a nosotros mismos y al sistema al que pertenecemos, y de ir más allá de nosotros y de esos sistemas.

Nuestra capacidad de reflexión nos permite especular, entablar conversaciones con los demás -y con nosotros mismos- acerca de nuevas posibilidades, arriesgarnos e inventar -despojándonos de nuestras ataduras respecto de nosotros mismos y de nuestro medio social.

El fenómeno del liderazgo arroja luces precisamente sobre la capacidad humana de intervenir en el diseño de nuestros entornos sociales y, al hacerlo, de intervenir también en el diseño de muchos individuos. El liderazgo se basa en un conjunto de capacidades lingüísticas determinadas y es una de las manifestaciones más claras de la capacidad generativa del lenguaje.

Los individuos operan dentro de los límites de lo que les es históricamente posible y, lo que es históricamente posible para un individuo dado está en función de los sistemas de lenguaje a los que pertenece. Aunque las personas trasciendan lo que les está históricamente dado, aunque inventen nuevas posibilidades, generen nuevas realidades históricas y se proyecten a sí mismos hacia el futuro, lo hacen como un resultado de lo que les es históricamente posible. Esto lleva al tercer principio de la ontología del lenguaje.

3.Tercer principio: "Los individuos actúan de acuerdo a los sistemas sociales a los que pertenecen. Pero a través de sus acciones, aunque condicionados por estos sistemas sociales, también pueden cambiar tales sistemas sociales."

Es la estrecha ideología individualista lo que ciega respecto del poderoso efecto de los sistemas sociales en la formación como individuos. El énfasis, sin embargo, no debe ser puesto en el sistema social ni en sus componentes individuales, es en la relación entre el sistema social y el individuo, entre el todo y sus partes, que se produce la dinámica del devenir.

El sistema social constituye al individuo, del mismo modo en que el individuo constituye al sistema social.

La visión de la ontología del lenguaje explica que las posibilidades no existen por sí mismas, que no son independientes de los individuos para quienes resultan ser posibilidades y, la distinción entre las proposiciones verdaderas y falsas sólo tiene sentido dentro del trasfondo compartido de una comunidad.

La ontología del lenguaje logra lo que había sido destruido por el programa metafísico: una unidad entre orador, lenguaje y acción. Reconoce que todo lo dicho es siempre dicho por alguien, restableciendo el lazo roto entre lenguaje y orador. Postula que el lenguaje es acción y evita la separación entre ambos, particularmente entre pensamiento y acción. Finalmente, postula que la acción genera ser y que ésta, por lo tanto, constituye al individuo que habla (orador) y al que actúa (actor). Al mismo tiempo, la ontología del lenguaje reemplaza la importancia del "ser", sostenida por los metafísicos, por una comprensión renovada del "devenir" y coloca la acción en el centro de su argumentación. Al conectar lenguaje y acción se produce una nueva comprensión de la acción humana.

La mayor fuerza de la ontología del lenguaje reside en la interpretación que proporciona sobre el individuo, sobre el fenómeno de la persona humana y su mundo.

La ontología del lenguaje ofrece una poderosa herramienta para lidiar con uno de los rasgos más sobresalientes de nuestro tiempo: la crisis de sentido. Una de las mayores contribuciones de la ontología del lenguaje es la competencia que ofrece a las personas para inventar y regenerar un sentido a sus vidas, pues confronta con el hecho de que no podemos esperar que la vida siempre genere, por sí misma, el sentido que requerimos para vivirla.

1. Bases de la ontología del lenguaje

Estamos participando de una transformación histórica fundamental que es la gestación de una nueva y radicalmente diferente comprensión de los seres humanos, lo que resulta un acontecimiento especial de la historia que tiene el poder de reconfigurar lo posible y modificar el futuro. Es el umbral de una nueva era histórica.


La historia suele concebirse como la secuencia de las huellas dejadas por los acontecimientos ocurridos en el pasado, pero no todos los acontecimientos tienen el mismo impacto sobre el futuro. No todos los momentos de la historia han sido igualmente fecundos en la producción de nuevas posibilidades.

En la antigua Grecia, alrededor de 700 A.C fue inventado el alfabeto, que representó una nueva forma de comunicación. Este hecho tuvo consecuencias históricas trascendentales porque dio las condiciones a partir de las cuales se creó un tipo de ser humano particular: el hombre y mujer occidentales. Con esta invención las nociones de educación, sabiduría y convivencia social fueron transformadas y se inventó la democracia. Con estos cambios fundamentales en la sociedad surgieron nuevas prácticas sociales y tuvo lugar una consecuencia menos visible pero existente, la transformación de categorías mentales, esto es, la manera en que los seres humanos piensan sobre ellos y el mundo. Antes de la invención del alfabeto "lenguaje y acción" estaban estrechamente unidos, los seres humanos habitaban en lo que llamamos un "lenguaje del devenir". Los poetas eran los responsables de la educación, relataban épicas o fábulas para cumplir su función de enseñar. El alfabeto separó al orador, el lenguaje y la acción, lo que representó un gran cambio. Se produjo un desplazamiento de un lenguaje de acción a un lenguaje de ideas, lo que dio lugar a la reflexión. Una vez que el texto estaba escrito parecía hablar por sí mismo y el orador dejó de ser necesario. Cambió la manera de pensar las cosas y la reflexión pasó a suplantar el papel que previamente había tenido el relato de los acontecimientos. Se pasó a hablar de los valores como ideas y no como rasgos propios de los héroes épicos. Se empezó a poner énfasis no en las acciones sino en el "ser" de las cosas y con ello se abandonó el "lenguaje del devenir" y se llegó al "lenguaje del ser". Este paso resultó una transformación fundamental y gran logro histórico, pues desató fuerzas de la reflexión y del pensamiento racional. De esta manera nació la racionalidad, marca de fábrica del pensamiento occidental.

El interés por el arte del pensamiento certero desarrolló la lógica. Los principios lógicos mostraron la senda del pensamiento válido (la forma de trasladarnos de una idea a otra para alcanzar lo verdadero y esquivar lo falso).

El poder del pensamiento se hizo evidente con el nacimiento de la racionalidad, pues permitió transformar el mundo, destruir a los enemigos y dio la ilusión de posibilitar el dominio de la naturaleza.

Se llegó a pensar que "pensar" era una acción superior al resto de las acciones y se llegó a olvidar que el pensamiento mismo es una acción. Se cambió la comprensión del ser humano.

Una vez que llegó el "lenguaje del ser" el ser humano comenzó a preguntarse por el "ser" de todo, incluido el propio ser humano. El ser humano comenzó a suponer que la razón no tenía límites y que a través de esta se podía conocer todo, dominar completamente el entorno natural y las relaciones con los demás en tan solo una cuestión de tiempo. La razón se posicionó en la mente del ser humano como la clave para asir el "ser" de las cosas. El énfasis puesto en el "ser" de las cosas condujo a minimizar el papel jugado por el lenguaje, que se colocó en una postura de constituir un papel pequeño o nulo en la conformación del ser humano y del mundo. Se comenzó a suponer que el "ser" precedía al lenguaje.

Después del surgimiento de un grupo de filósofos conocidos como los metafísicos, conducidos por Platón, discípulo de Sócrates, y Aristóteles, discípulo de Platón, se cristalizó una síntesis coherente basada en los nuevos supuestos y esta se convirtió de pronto en la visión social predominante. El sentido común actual se basa en gran medida en los supuestos metafísicos, generados originariamente por estos metafísicos de la antigua Grecia.

Desde los primeros griegos hemos cambiado nuestra comprensión de muchas cosas, no se puede decir que pensamos de la misma manera que ellos, pero hemos mantenido en conjunto los supuestos metafísicos básicos desarrollados en la Grecia temprana. El desarrollo histórico ha tenido lugar sin romper con estos supuestos principales, manteniendo esta básica comprensión de lo que significa ser humano, en este sentido nos hemos mantenido fieles a los primeros metafísicos griegos.

La filosofía de Descartes -el cartesianismo- ha sido la más influyente de los tiempos modernos. La modernidad se desarrolló dentro de una armazón cartesiana aceptando los principales supuestos formulados por Descartes pero al examinar dichos supuestos podemos percatarnos de que son fieles a la antigua tradición griega de comprender al ser humano como un ser racional. La filosofía de Descartes es expresión histórica del impulso dado al alfabetismo por medio de la invención de otro cambio que resultó de suma importancia en la manera de comunicar: la imprenta o prensa escrita. Con la imprenta la separación inicial entre el orador, lenguaje y acción se profundizó y extendió a todos los niveles de la sociedad. Los libros se convirtieron en artículos fácilmente adquiribles y esto permitió la emergencia del sistema escolar, la expansión social del alfabetismo y la democratización y extensión de la racionalidad a todo rincón de la vida social. La invención de la imprenta también permitió el desarrollo de la esfera de privacidad e intimidad individual y una expansión del amor romántico. Con Descartes el pensamiento es nuevamente la base para entender al ser humano, el pensamiento siempre adquiere precedencia. Descartes postula que es el pensamiento lo que nos convierte en el tipo de ser que somos y dice que podemos concluir: "yo pienso, luego existo", lo que plantea que es la razón lo que nos hace humanos. Sin embargo, actualmente está surgiendo una comprensión radicalmente nueva del ser humano, a esta nueva comprensión es a lo que se le llama ontología del lenguaje.

Actualmente enfrentamos una nueva revolución de importancia capital en la manera de comunicarnos. En las últimas décadas ha sucedido algo similar a lo que ocurrió en la antigua Grecia con la invención del alfabeto, pues hemos enfrentado una transformación importante en nuestra manera de comunicar como resultado de las innovaciones tecnológicas y la emergencia del lenguaje electrónico. La irrupción del lenguaje electrónico comprende un proceso que contiene la profusión de medios de comunicación y hoy en día observamos la manera en que los distintos medios de comunicación confluyen y se integran unos con otros en diferentes configuraciones multimedia. Como resultado de esto, el mundo se ha transformado convirtiéndose en la"aldea global" de la que habló MacLuhan hace más de tres décadas. La distancia siempre fue un factor relevante para la manera en que el ser humano organizaba su vida pero en la actualidad resulta cada vez más irrelevante. Este nuevo lenguaje ya ha cambiado y seguirá cambiando la manera en que convivimos y nos relacionamos. Por otra parte, hoy en día el cambio se ha convertido en un aspecto permanente de la vida, pues nada permanece igual durante mucho tiempo, ahora la predominancia del "ser" vuelve a ser sustituida por la del "devenir". Estas nuevas condiciones van llevando al "observador metafísico", que por tanto tiempo constituyó la visión que el ser humano tiene del mundo, hasta sus límites, pareciera que la metafísica se aproxima a su agotamiento histórico y esto va a afectando la forma de pensarnos y la forma de pensar el mundo.

Los nuevos desarrollos desafían al programa metafísico. En el campo de la filosofía encontramos que Nietzche nos ha entregado la más fuerte crítica a la comprensión del alma humana, fue el primer filósofo que se situó fuera del marco metafísico y cuestionó los supuestos básicos. Martin Heidegger da su fenomenología existencial y hace una crítica a los supuestos del cartesianismo, que declaraban al ser humano primariamente como ser racional. Ludwig Wittgenstein ofrece una comprensión del lenguaje totalmente nueva. Las contribuciones de estos filósofos abrieron puertas que otros cruzarían y la filosofía entera ha sido trastornada enormemente durante este siglo. A este proceso se le ha denominado "giro lingüístico", pues el lenguaje pareciera haber tomado el lugar privilegiado que por siglos ocupó la razón. En el campo de las ciencias biológicas también se han dado importantes desarrollos. Se ha postulado que el rasgo básico que distingue a la especie humana de otras es el lenguaje humano. Fue Ernst Mayer quien introdujo este postulado a principios de los sesenta. La relación entre el ser humano y el lenguaje ha sido explorada a mayor profundidad y ahí destaca la contribución del biólogo Humberto Maturana. Finalmente, han habido también importantes logros en el campo de la psicología sistémica, antropología, sociología y lingüístia y, en cada una de ellas el hilo conductor ha sido el reconocimiento de la importancia del lenguaje para comprender la vida humana. La ontología del lenguaje intenta reunir estos distintos desarrollos que a menudo pueden parecer contradictorios en una unidad coherente que apunta a observar los fenómenos humanos desde una perspectiva no-metafísica.

El término "ontología" se toma prestado de una tradición muy específica y se le otorga un sentido particular. Fue acuñado por los antiguos griegos y para ellos significaba la comprensión general del ser en tanto tal. La ontología griega estaba enmarcada dentro del programa metafísico. El nuevo uso del término arranca de la tradición inaugurada por Martin Heidegger, para quien la ontología se relaciona con su investigación acerca de lo que llamaba Dasein, que se puede sintetizar como el modo particular de ser del ser humano. En este sentido la ontología hace referencia a la comprensión genérica y a la interpretación de lo que significa ser humano. Al decir que algo es ontológico hacemos referencia a una interpretación de las dimensiones constituyentes que compartimos en tanto seres humanos y que confieren un particular modo de ser, en este sentido la ontología no implica necesariamente una adopción de la perspectiva metafísica. La ontología del lenguaje reivindica que se pueden generar ontologías no-metafísicas.

Toda acción y todo decir presuponen juicios sobre lo que en tanto seres humanos nos es posible, por lo tanto cada vez que decimos algo y cada vez que actuamos no sólo se manifiesta lo que hacemos o decimos sino también una determinada interpretación de lo que significa ser humano y, por lo tanto, una ontología. Al aceptar lo anterior se deduce que cualquier postulado que se haga sobre el "ser" en general o sobre otros seres humanos está basado en una comprensión subyacente del ser que formula ese postulado. Consecuentemente la ontología en cuanto comprensión de lo que significa ser humano sienta las bases para la antigua noción de la ontología como comprensión general del ser: "cada pensamiento hecho por un observador nos habla del tipo de observador que ese observador considera que es".

Podemos no percatarnos de que al actuar o hablar revelamos esos supuestos ontológicos subyacentes, pero aún así los revelamos. Al entender esto comprendemos que para hacer cualquier planteamiento hacemos implícitamente un planteamiento de cómo somos en tanto seres humanos. Nuestra comprensión de lo que significa ser humano es piedra angular de todas nuestras acciones, por lo tanto una ontología precede a cualquier otro postulado sobre cómo podrían ser las cosas. La ontología es una interpretación primaria.

El postulado de que todo lo que hacemos revela nuestro juicio sobre nosotros mismos es la base de uno de los usos de la ontología del lenguaje: el "coaching" ontológico.

La ontología del lenguaje puede verse como uno de los desarrollos importantes que actualmente surgen en los distintos campos de la vida humana, que se mueven en una dirección similar y que frecuentemente comparten supuestos y sensibilidades similares.

Los tres postulados básicos de la ontología del lenguaje son:
1. Interpretamos al ser humano como ser lingüístico (Postula que el lenguaje es, por sobre todo, lo que hace a los seres humanos el tipo particular de seres que son y que el lenguaje es clave para comprender los fenómenos humanos)
2. Interpretamos al lenguaje como generativo (Las consecuencias del primer postulado sólo pueden ser plenamente extraídas en medida en que seamos capaces de modificar radicalmente la concepción tradicional del lenguaje; cuestiona la concepción tradicional del lenguaje y reconoce que el lenguaje no sólo nos permite hablar sobre las cosas sino que hace que sucedan las cosas. Abandona la noción que reduce el lenguaje a un papel pasivo o descriptivo y sostiene que el lenguaje es generativo, que el lenguaje crea realidades y genera ser)
3. Interpretamos que los seres humanos se crean a sí mismos y al lenguaje a través de él (Una vez unidos los primeros dos postulados emerge una nueva comprensión del ser humano. La ontología del lenguaje sostiene que la vida es el espacio donde los seres humanos se inventan a sí mismos. Postula que el ser humano no es de una forma de ser determinada ni permanente y que los individuos tienen la capacidad de crearse a sí mismos a través del lenguaje. Explica que nadie es de una forma de ser dada e inmutable que no permita infinitas modificaciones)

El foco de atención de la ontología del lenguaje son los seres humanos. Plantea que ser humano es estar en un proceso permanente de devenir, de inventarnos y reinventarnos dentro de la deriva histórica y que no existe tal cosa como una naturaleza humana predeterminada. La ontología del lenguaje explica que "no sabemos lo que somos capaces de ser ni sabemos en lo que podemos transformarnos", que nuestro ser es indeterminado y es un espacio abierto apuntando hacia el futuro.

Una comprensión ontológica de nosotros mismos nunca puede darnos una única respuesta correcta que explique la determinada pregunta de lo que signifique ser humano, pues la ontología postula que nuestro ser es campo abierto al diseño. Lo que la aproximación ontológica puede ofrecer son distinciones generales que sirven como parámetros para definir una estructura básica de posibilidades en el proceso abierto del devenir.

La estructura general de posibilidades es lo que Martin Heidegger llamó Dasein, el "ser en el mundo" que somos. La ontología es la indagación del Dasein. Heidegger se abrió al reconocimiento de que para entender lo que significa ser humano se requiere de recurrir al lenguaje porque los seres humanos habitan en el lenguaje.

El ser humano es construcción lingüística porque se inventa a sí mismo en el lenguaje, es como una especie de burbuja lingüística.

Tanto Heráclito como Nietzche entendieron que, para comprender al ser humano, no podemos concentrarnos sólo en su "ser", sino mirar también hacia lo que el ser humano no es, hacia ese espacio en el que se trascienden las formas actuales de ser y se interfiere y participa del proceso del devenir. Según Nietzche, el ser humano puede ser visto como un proceso en el que nos encontramos permanentemente huyendo de la nada mientras que a la vez somos impulsados hacia ella, hacia el "sin sentido" de nuestras vidas, e inducidos a regenerarnos constantemente un sentido. Heráclito afirmó que estamos en un proceso constante de flujo, que nunca permanecemos iguales, que cambiamos continuamente como lo hacen los ríos.

La ontología del lenguaje invita a tomar en cuenta que "todo lo dicho es siempre dicho por alguien" y que vale la pena no esconder al orador tras la forma en la que son dichas las cosas, pues esta es una trampa que el lenguaje tiende permanentemente, permitiendo a la persona que habla esconderse detrás de lo que dice.

Principios generales de la ontología del lenguaje:
1. Primer principio: "No sabemos cómo las cosas son. Sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos."
2. Segundo principio: "No sólo actuamos de acuerdo a cómo somos, (y lo hacemos), también somos de acuerdo a cómo actuamos. La acción genera ser. Uno deviene de acuerdo a lo que hace."

Al trasladarnos del ser a la acción, nos permitimos entrar en el proceso del devenir y evitamos quedar entrampados en el supuesto metafísico de que el ser es inmutable, de esta manera logramos comprender que el ser es sólo un momento del proceso del devenir y únicamente una cara de ese proceso. Nuestras acciones no sólo revelan cómo somos, sino que también nos permiten transformarnos, ser diferentes, devenir. La acción, por lo tanto, ni es sólo la expresión de un determinado ser desplegándose en el mundo, sino también la posibilidad de que ese mismo ser se trascienda a sí mismo y devenga en un ser distinto.

Distintas comunidades producen distintos individuos y una vez que se logra asir el lenguaje de la comunidad se logra comprender mejor al individuo.

Los individuos se constituyen como tales a partir del lugar que los seres humanos ocupan dentro de sistemas lingüísticos más extensos. El individuo es lo que es a partir de relaciones con los demás y en el sistema de coordinación de coordinación de comportamiento no todos ocupan el mismo lugar ni efectúan las mismas acciones. El sistema del lenguaje es una estructura de relaciones y la posición de cada miembro de la comunidad dentro de dicha estructura es un aspecto importante a considerar en el proceso de individuación.


Introducción

"El Búho de Minerva" es el trabajo de Rafael Echeverría anterior a "La Ontología del Lenguaje", su tema es el pensamiento filosófico occidental moderno desde que se rompe con la cosmovisión medieval hasta nuestros días y plantea dos objetivos centrales: ofrecer la posibilidad de seguir el hilo conductor de la evolución del pensamiento filosófico (para comprender su dinámica interna) y mostrar lo que han sido los grandes impasses con los que se enfrenta el pensamiento moderno (cuestiones que de diferentes maneras lo persiguen, sin lograr resolverlas adecuadamente a lo largo de su recorrido, y que terminan transformándose en "puntos de ruptura"). En el "Búho" se sostiene que el mundo occidental ha entrado en una profunda crisis que cuestiona los presupuestos básicos desde los cuales le conferíamos sentido a la vida y construíamos nuestra identidad, por lo tanto, señala una necesidad de avanzar hacia la superación de tales presupuestos y de abrirnos a una comprensión diferente del fenómeno humano.


Las bases para articular esta nueva comprensión toman las contribuciones de Nietzche, Wittgenstein y Heidegger, entre otros, pero el cuestionamiento no se lleva a cabo únicamente desde la filosofía, sino también desde el campo de las ciencias. El biólogo Humberto Maturana resulta una piedra angular para la interpretación que se hace en "La Ontología del Lenguaje".

El objetivo del trabajo de Rafael Echeverría en "La Ontología" es proponer determinada y particular articulación de todas estas contribuciones y apoyados en ellas ofrecer una nueva concepción integradora sobre el fenómeno humano. Esta es una nueva interpretación que declara situarse más allá de los presupuestos del pensamiento moderno y busca trascender las bases del "programa metafísico". Esta propuesta forma parte de un amplio movimiento emergente que tiene lugar en los más diversos campos de la cultura y es concordante con los profundos cambios que se están desarrollando a nivel de nuestras relaciones económicas, políticas y sociales, que se traducen en la emergencia de un nuevo escenario histórico, en el que encontramos los desafíos más importantes en el terreno de la tecnología y nuevas tecnologías de comunicación y, dichos desafíos nos obligan a repensar lo que significa ser humano.

En cada etapa histórica surge una interrogante sobre el sentido de lo humano y se ofrecen determinadas respuestas e interpretaciones. El "Búho" plantea que cada nueva interpretación sobre el fenómeno humano se plasma en modalidades del sentido común, que resulta un núcleo de presupuestos que constituyen lo que nos parece obvio.

Una particular "ontología" es una matriz interpretativa sobre el significado del fenómeno humano. Por 25 siglos nuestras interpretaciones sobre el sentido de lo humano se han desarrollado dentro de los parámetros establecidos por el pensamiento metafísico que naciera en la Grecia antigua y, los distintos cambios en nuestras interpretaciones traen consigo modificaciones de lo que conocemos como nuestro sentido común.

"La Ontología del Lenguaje" es un esfuerzo por ofrecer una nueva interpretación de lo que significa ser humano, se trata de una propuesta posmoderna y posmetafísica. Ofrece la posibilidad de interpretar sitúandose fuera del programa metafísico, que ha sido la base de la manera en que observamos la vida.

"La Ontología del Lenguaje" se nutre de diferentes influencias, donde las más importantes resultan las de Nietzche y Maturana. Son pensadores diferentes, provenientes de campos distintos, uno filósofo y el otro científico y, separados en su producción intelectual por un siglo, pero ambos obsesionados por entender el fenómeno humano. Ambos planean propuestas no siempre fáciles de comprender en sus implicaciones y no aptas para oídos metafísicos.

El pensamiento de Fernando Flores también se ve reflejado en "La Ontología del Lenguaje" como una influencia, pues en sus ideas Rafael Echeverría percibe una importante y original contribución al observar su enfoque diferente para abordar fenómenos sociales al relacionar trabajo y lenguaje y, el desarrollo de un planteamiento que articula contribuciones tan diversas como las de Heidegger, Searle y Maturana.

La inquietud principal de "La Ontología del Lenguaje" se sitúa en el ámbito de la ética, pues consiste en realidad en un libro sobre la ética de la convivencia humana. Remite a la temática del sentido de la vida y dirige hacia los problemas que guardan relación con la construcción de nuevas modalidades de convivencia en un mundo globalizado.

La temática del sentido de la vida es desafío fundamental de nuestro tiempo y el mundo globalizado implica la construcción de nuevas modalidades de convivencia social que da una transformación histórica fundamental, pues se está gestando una nueva y radicalmente diferente comprensión de los seres humanos.

Lo social, para los seres humanos, se constituye en el lenguaje y, todo fenómeno social es siempre un fenómeno lingüístico. El hecho de que se esté gestando una nueva y radicalmente distinta comprensión del ser humano resulta un acontecimiento especial de la historia que tiene el poder de reconfigurar lo posible ante nuestros ojos y modificar el futuro.